Un vaso de leche

Ana Paula Cordero

EL DIARIO DE ANNIE VALA

Esta historia es de risa. O, por lo menos, así decidí contarla.

Mis Italiana azules terminaron cubiertas de leche. Sí, leche. Y para entender cómo, tengo que contarles que hace poco fui a conocer a mi bisabuela. Así como lo leen: tengo una bisabuela, de 101 años.

 ¿Por qué no la conocía? Bueno… todavía existen esas familias conservadoras donde, si tus papás no estaban casados, los hijos no son tan queridos. Crecí con esa distancia. Pero mi abuelo, un día, me dijo que él hablaría con ella, que ya era momento. Y me animé.

Busqué un vestido azul largo y me puse mis Italiana azules. Quería verme elegante, delicada, femenina. Quería caerle bien, supongo. Una nunca deja de querer caerle bien a su familia, aunque la familia llegue tarde.

Cuando llegué, me impresionó. ¿Cómo una persona de 101 años todavía camina, se mueve, se mantiene tan bien? Me quedé callada casi toda la tarde, sorprendida. Me hizo solo dos preguntas: si estaba casada y cuántos años tenía. Respondí. Y no volvimos a hablar.

Hasta que cayó la noche y me pidió un vaso de leche. La acompañé a la cocina, se lo serví. Y entonces, con toda la calma del mundo, me lo vació encima de los zapatos. “Perdón, mija, me falla la vista”, me dijo. La misma señora que un rato antes se movía por su casa sin bastón y sin titubear.

 Quiero pensar que me está diciendo la verdad. De verdad quiero pensarlo.

Pero me moría por mis zapatos. Así que me despedí y me fui.

¿Y saben qué me llevé de ese día? Dos cosas. La primera: que mi bisabuela tiene 101 años y todavía puede bailar y moverse, porque tiene ganas de vivir. Y que son esas ganas, no la edad, las que nos mantienen de pie. La segunda, más práctica: que a los zapatos de piel, si les cae leche, se limpian así —y se los dejo apuntado, porque más vale estar preparada para las bisabuelas del mundo—

-Usa un paño limpio y seco para absorber el exceso. 

-No frotes fuerte; solo presiona suavemente.

-Humedece ligeramente otro paño con agua tibia (muy poca).

-Limpia la zona con movimientos suaves.

-Seca de inmediato con un paño seco.

Mis Italiana volvieron a quedar como nuevas. Y yo me quedé con una historia que, les juro, voy a contar en cada cena por el resto de mi vida.

Las quiero,

Annie Vala

Regresar al blog