Miami y mis tacones

Ana Paula Cordero

EL DIARIO DE ANNIE VALA.

Desde que estoy comprometida, no puedo dejar de pensar en que mi vida va a cambiar. O que, tal vez, ya está cambiando.

Y sí, estoy feliz. Este era uno de mis sueños, de esos que una guarda muy adentro. Pero últimamente me pasa algo curioso, y no sé si sea normal — aunque sospecho que sí—: me sorprendo recordando aquellos días. Ustedes saben cuáles. Esos en los que una solo anhela encontrar el amor. Sales, conoces gente, y en el fondo deseas que alguno de ellos sea el indicado.

En aquellos días, mis compañeros más fieles fueron dos que ya conocen bien: la ilusión y la angustia. Iban conmigo a todos lados. Y curiosamente, también fueron el nombre de algunos de mis zapatos favoritos. Como si mis pies siempre hubieran sabido nombrar lo que yo sentía.

Y si de recuerdos hablamos, tengo que llevarlas a Miami..

Miami fue mi época más divertida. Viví ahí un tiempo, y les juro que no hay rincón de esa ciudad que mis zapatos y yo no hayamos conocido. Bailamos en todos lados. En verdad, en todos. Yo y mis tacones altos, de todos los colores, recorriendo la ciudad como si nos perteneciera. Había noches en las que llegaba a casa con los pies cansados y el corazón lleno, y pensaba: esto es vivir.

Llegué a fantasear con abrir un Instagram solo de recomendaciones de Miami. Los mejores lugares para bailar, para cenar, para ver el amanecer.

 

Pero les voy a confesar algo: cuando eres CEO, no tienes tiempo para casi nada. Y eso que dicen que ser CEO es ser dueña de tu tiempo… no sé, yo creo que no es del todo cierto.

Cuando haces algo que amas, el tiempo se disfruta distinto. No lo sientes pesado.

Yo soy feliz trabajando, tan feliz como fui bailando con esos tacones por toda Miami. Y aunque hoy mi vida se ve muy distinta, esos zapatos y esas noches los llevo tatuados en el corazón.

Porque de eso se trata, ¿no? De coleccionar momentos. Y los zapatos, mis fieles compañeros, siempre están en primera fila de los mejores.

Ahora les toca a ustedes. Quiero saber: ¿tienen algún lugar que ustedes y sus zapatos hayan disfrutado como nadie? ¿Una ciudad, una pista de baile, una calle que se sabían de memoria? ¿Cuál fue esa noche que darían lo que fuera por repetir, con esos zapatos exactos puestos?

Cuéntenme. Léanme y respóndanme, que las historias más bonitas casi siempre empiezan con unos zapatos y un lugar que no se olvida.

Las quiero,

Annie Vala.

                                                           

Regresar al blog