Comienzo

Ana Paula Cordero

EL DIARIO DE ANNIE VALA

Los zapatos de mi abuela.

Les quiero contar algo, así como se lo cuenta una a una amiga.

No me acuerdo cuántos años tenía. Era chiquita. Pero sí me acuerdo perfecto de correr descalza, una y otra vez, hasta el clóset de mi abuela paterna. Ella era mi mejor amiga. Ya no está conmigo, pero les juro que vive en cada par que hago.

Su clóset me parecía enorme, como un mundo entero. Y ella, tan vanidosa, tan enamorada de la moda y sobre todo de los zapatos, me lo abría y me los enseñaba uno por uno. Yo los veía como quien ve algo mágico. Lo único que yo quería en esta vida era ser como ella. Usar sus zapatos.

Y me los probaba todos. Me quedaban gigantes, me tropezaba, me reía, y volvía a empezar. Nunca me imaginé —¿cómo iba a saberlo esa niña?— que esos zapatos algún día me iban a dar las ganas de seguir.

Si pudiera regresar y decirle a la Annie de siete años que un día sí iba a usar los zapatos de su abuela, y que justo esos zapatos le iban a dar la fuerza y la confianza para arrancar con su sueño… no me creería. Pero aquí estamos.

Me quedé con todos sus tesoros. Todos sus zapatos. Y por eso quiero que sepan algo: cada diseño de VALA BLANCA lo hago con todo el amor, siempre pensando en ella. Y en mi otra abuela, mi cofundadora, que sigue aquí, enamorada de la vida y de los zapatos, riéndose conmigo en cada paso.

Para mí un zapato es una obra de arte. Es una forma de hablar sin decir nada. Es cargar a quienes amamos aunque ya no estén.

Y esto se los digo de corazón: nunca subestimen el poder que puede tener un objeto. A veces es justo eso lo que las va a hacer seguir en los momentos difíciles. Para mí son mis botas café de piel. Me las pongo y vuelvo a ser esa niña.

Por eso quería contárselos. Porque ustedes no son solo mis clientas, son mi comunidad, y quiero que esto que hacemos lo sientan tan suyo como mío.

Las quiero,

Annie Vala.

 

 

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